
Si en la previa, a caballito de las promociones en pantalla, la escena en la que los cuatro protagonistas ensayan una vernácula coreografía con aroma a Full Monty resultó un buen imán para el boca a boca, la misma toma fue la gran ausente con aviso en el primer capítulo de Acompañantes, la comedia que estrenó antenoche Telefé (lunes a las 23.30). Sin embargo, el envío del debut contó con un buen puñado de imágenes muy bien logradas para contar, con sumo humor, el recurso al que echan mano cuatro hombres para sobrellevar la crisis.
Y de la mañana a la noche, de tipos en la mala devienen en tipos en las buenas: disponibles para darle una alegría a clientas que pagan por unas horas de compañía. Un llamado equivocado al teléfono de Marcelo -el ex futbolista interpretado por Fabián Gianola- le abre las puertas a ese universo que en principio, por sus pudores y prejuicios, parece despreciar: una señora ofrece 4.000 pesos para que un grupo de varones entretenga a ella y sus amigas. Cree estar llamando a una agencia experimentada, pero no. Llama a la casa de un frustrado deportista que en pocos minutos logra armar un cuarteto, con Patricio (Pablo Rago), Kende (Nicolás Pauls) y Norberto (Jorge Marrale), su amigo filósofo al que llama para pedirle consejos morales y termina encontrando un aliado.
Grabado hace tres años, la supuesta antigüedad del producto no sólo no le hizo perder vigencia estética, sino que, además, se topó con una crisis real más instalada, que lo volvió más coyuntural aún. Luego de un dinámico quién es quién, la comedia quedó enmarcada en una agilidad narrativa que esquivó los lugares comunes típicos de todo capítulo de presentación. No hubo respuesta para todo, ni explicaciones exageradas. Hubo ritmo y gracia en la historia de estos buscavidas que transitaron su primera noche de acompañantes con diferente marco ideológico: “Ellas garpan, ellas mandan (…) ¡Qué tiene que ver el sexo con el amor! Esto es trabajo”, dijo Patricio, el pícaro atorrante que hizo brillar a Rago. “Esto es incesto de segundo grado, esto es delito”, condenó Marcelo, cuando supo que entre las cuatro mujeres estaban una tía y su sobrina.
Si bien el capítulo inicial empezó más tarde de lo previsto (sí, “al término de Los exitosos Pells, pero a las 23.30) y duró apenas media hora, hubo tiempo incluir algunos guiños, como cuando una clienta habló de ellos como los mosqueteros -la obra emblemática que representó Marrale durante 8 años-, o como cuando Rago desgranó el “vos fumá”, el latiguillo que decía Carlos Calvo, su socio en Amigos son los amigos.
Fue corto, pero prometedor. Y, entre otros logros, mostró al comediante que Marrale, según le confió a Clarín hace unos meses, quiere ser. Ese que tuvo que esperar a que el villano de Astor Monserrat -su malo de Vidas robadas- muriera, para que el acompañante atrevido que compuso hace tres años tuviera su toque, literalmente, de gracia.